Archivo | julio 2016

NIÑO TRISTE, ADOLESCENTE ENFADADO

La DEPRESIÓN no es sólo cosa de adultos, cómo se había llegado a pensar. NIÑOS y ADOLESCENTES también la sufren.

¿Por qué se puede deprimir un niño?, ¿cómo lo detectamos?, ¿qué podemos hacer?, ¿cómo se trata una depresión infantil?, ¿y en la adolescencia?

En el  Blog de pares de Catalunya Ràdio han hablado con la doctora Montse Pàmias, presidenta de la Sociedad Catalana de Psiquiatría Infantil y jefe del Departamento de Psiquiatría Infantil del Hospital Parc Taulí de Sabadell.

La depresión infantil es una situación vital de cambio. Un niño o un adolescente que hasta el momento tenía un estado de vida normal y estable, y de pronto hay una ruptura. Empiezan a aparecer unos síntomas, y esos síntomas son síntomas depresivos. Es algo que puede pasar en cualquier edad.

Antes se creía que no existía la depresión infantil.

A mediados del siglo pasado había algunas voces, algunos autores, que dudaban de la existencia de la depresión en los niños, alegando que la depresión no se podía dar en un sujeto cuya  personalidad no estaba del todo estructurada. Es cierto que la personalidad de los niños no está totalmente estructurada, pero lo que ahora sí sabemos es que los niños pueden tener depresión, cómo los adolescentes y cómo los adultos.

Las características de esta depresión serán diferentes en la infancia y en la adolescencia, y también algo diferentes que en la edad adulta.

¿Por qué sospechamos que un niño puede estar deprimido?

El síntoma principal en los niños suele ser la TRISTEZA, igual que en la edad adulta. En los adolescentes, en cambio, muchas veces el síntoma  principal es la IRRITABILIDAD: un niño ENFADADO permanentemente, durante un período de tiempo mantenido.

Otros síntomas que encontramos en los niños más pequeños están relacionados con el pensamiento que tienen. Cuando una persona sufre una depresión tiene una distorsión de su entorno, y ve las cosas de una forma claramente más negativa.

Es en el colegio donde detectan a menudo que algo no va bien.

A veces son los profesores los que detectan la sintomatología depresiva y avisan a la familia: un niño que tiene un buen rendimiento habitual y de repente, un trimestre, este comienza a bajar de golpe, y además al pequeño se le ve más apagado.

De entrada decir a los padres que, si son los profesores los que han dado la voz de alerta, la actitud no ha de ser de culpabilidad. Nadie está culpando a los padres, se trata de encontrar una solución para la posible depresión que tiene el niño.

El niño deprimido lo pasa muy mal.

Se siente CULPABLE: “por mi culpa mis padres se han separado”,  “por mi culpa han regañado a mi hermano”, “por mi culpa no iremos de excursión los de la clase”,… el niño tiene sentimientos de culpa.

Otro sentimiento que tiene es de INCAPACIDAD: “seré incapaz de pasar a segundo de primaria”, “seré incapaz de ir al partido de baloncesto y jugar”,… un sentimiento de incapacidad en cosas que son habituales en los niños y que a él le cuesta hacerlas.

También siente miedo. Miedo a que papá o mamá se olviden y no vayan a recogerlo a la salida del cole, o miedo a que sus padres tengan un accidente,… Decir que cuando se dan estos miedos no siempre quiere decir que haya una depresión. Hay niños con ansiedad que los tienen. Pero cuando estos miedos están en el contexto de ánimo bajo y ese pensamiento más negativo, entonces son más síntomas depresivos.

Los niños continúan con sus rutinas, pero arrastrándose.

Es como si el niño fuese a cámara lenta. Las actividades que antes tenía ganas de hacer, le apetece menos  hacerlas, han de tirar de él.

Sí que es verdad que en la edad adulta, cuando se sufre una depresión, se dejan de hacer actividades que antes se realizaban. Los niños lo tienen más difícil: sus padres les llevan a los sitios, tanto si quieren cómo si no. Por lo que no es que dejen de hacer las actividades, pero no disfrutan como lo hacían antes. Están cómo más apagados.

En el comer y el dormir también puede haber cambios.

Habitualmente se da una reducción del apetito en los niños. En los adolescentes puede ser lo contrario, un incremento del apetito.

Normalmente también hay una alteración del sueño. Esta alteración en los niños con depresión es más inespecífica, no es tanto cómo en los adultos que es un despertar muy temprano, a las tres de la mañana o a las dos. En los niños, a veces es este despertar precoz, a veces es que les cuesta coger el sueño, a veces el sueño es fraccionado.

¿Por qué se deprimen los niños?

Sabemos que hay una parte que es biológica, genética, hereditaria. Hay una predisposición de nuestro cerebro que heredamos. Los mecanismos de esta herencia no están aún muy claros, se están estudiando, pero están.

Por otro lado hay factores externos que nos influencian y pueden precipitar una depresión: pérdidas, separaciones,… o pueden ser hechos que tengan poco peso pero que a ese niño, y en esa situación, le hayan podido provocar una situación depresiva.

Es una interacción entre los genes y el ambiente que se puede producir en cualquier edad de la vida.

Sí que es verdad que en el caso de los niños el hecho de tener un cerebro más plástico, y por ser más dependientes de su entorno que una persona adulta, el entorno del niño tendrá una importancia claramente superior a la que tiene en la edad adulta.

Es algo que vemos especialmente en casos de acoso escolar. Los adolescentes son muy dependientes de su entorno. Sentirse rechazado, maltratado y menospreciado por tus iguales y por tu entorno es un desencadenante muy potente. Si el chico tiene una vulnerabilidad puede acabar sufriendo una depresión. Y puede acabar con un intento de suicidio o con un suicidio.

Una situación de bullying se hace sobre un niño que evidentemente tiene unas características de personalidad, de situación, de relación con los otros,… unas características que han hecho que ante una determinada situación no sea capaz de pedir ayuda, que el mismo no haya sido capaz de resolver la situación o su entorno no le haya protegido lo suficiente. No es que el niño sea culpable, pero tenemos un niño con una vulnerabilidad y con una situación personal que lo hace vulnerable al bullying. Puede ser que esta vulnerabilidad, en una situación de bullying, baje más el ánimo y provoque una depresión.

¿Y en chicos y chicas mayores?

En los adolescentes una de las cosas que se han de diagnosticar es el consumo de cannabis.

El consumo de cannabis en régimen de dependencia, consumido de una manera mantenida, puede crear una sintomatología de desmotivación que puede parecer una sintomatología depresiva. Por lo que es una de las cosas que se han de investigar y, si es necesario, tratar con los adolescentes.

Ante la sospecha de que un niño está deprimido ¿qué hacemos?

A veces lo que primero detectan los padres es que su hijo está más apagado, que tiene menos apetito, que hay una alteración del sueño,… Estos síntomas físicos son los primeros que llaman la atención. Es lógico entonces pasar por el primer agente de salud que es el pediatra.

De hecho va muy bien que sea así, porque se ha de hacer un diagnóstico diferencial con la enfermedad médica. Algunas enfermedades, cómo la mononucleosis infecciosa, algunas anemias, incluso algunos tipos de leucemia, pueden comenzar con síntomas físicos que se parecen a la depresión. Por tanto este primer cribado del pediatra, que valore al niño orgánicamente y descarte la patología médica es esencial.

¿Cómo se diagnostica la depresión?

Para que se pueda diagnosticar una depresión los síntomas han de ser de una determinada gravedad y han de durar un tiempo determinado. Aunque haya una separación de los padres, puede haber una depresión detrás. El hecho de que el desencadenante sea externo, no quiere decir que el menor no pueda tener una depresión.

Se diagnostica una depresión evidentemente primero descartando la patología orgánica y, a partir de aquí, hablando e identificando los síntomas en el niño. Explorando clínicamente al menor, hablando con los padres y muchas veces también con la escuela. Son los dos entornos más importantes del niño. Con esto se identifican los síntomas, la intensidad y la duración, necesarios para confirmar un diagnóstico de depresión.

¿Y en este caso deberemos ser menos exigentes?

A veces se ha de recomendar a los padres que reduzcan la presión exterior, sobre todo cuando está comenzando una depresión. En ese momento, la sensación de incapacidad que siente el niño, añadida a la presión qué él cree que tiene por parte de sus padres (porque a veces es la percepción que tiene el niño de la presión que están ejerciendo sus padres) hace que el pequeño sienta que no puede con lo que le están pidiendo. Y eso empeora la sintomatología.

¿Y el tratamiento?

Cuando la depresión es leve, o leve-moderada, se hace un tratamiento psicológico. La terapia psicológica que funciona en los niños es la terapia cognitiva conductual. Se analiza su conducta y sus pensamientos, se le dan estrategias para identificar esos pensamientos distorsionados, qué puede hacer para modificarlos, qué puede hacer para que su conducta no sea de aislamiento. Siempre en este trabajo se incluirá también a la familia.

¿Y en los casos más complicados?

Entonces se plantea el dar tratamiento farmacológico. Cuando se utiliza un tratamiento farmacológico en la depresión infantil, que se ha de utilizar cuando la sintomatología es moderada o grave y sobre todo cuando hay ideas de suicidio, siempre es conjuntamente con la terapia psicológica.

¿Cuesta a los padres aceptar la medicación?

En general hay cierta reticencia a la hora de medicar a un niño por depresión. Se trata de explicar a los padres los estudios que hay detrás, la evidencia de la mejora.

Es un miedo inicial. Cuando los padres ven que, entre la terapia psicológica y el tratamiento farmacológico, su hijo va mejorando, vuelve a reír, a jugar, y vuelve a ser el niño de antes, los padres son los que primero defienden el utilizar todas las estrategias que tengamos a nuestro alcance para ayudar al niño.

¿Qué ocurre si no se trata la depresión?

Imaginemos que no tratamos una depresión en seis meses, por ejemplo ¿qué pasaría?, pues que se cronificaría y duraría unos meses más. Seguramente al final acabaría resolviéndose, pero se ha perdido un tiempo que es vital. Seis meses en un niño de seis años, equivale casi a un 10% de su vida.

No ofrecer ayuda puede comportar problemas en un futuro.

Se acaba resolviendo, pero durante unos meses ese niño ha dejado de poder estudiar con normalidad, porque hace falta concentración. Baja el rendimiento escolar, está más triste, más aislado. Es una ruptura vital que hace que el niño no siga el desarrollo normal. Por tanto hay un parón en el desarrollo de la personalidad debido a esta depresión. Además el problema se puede acabar cronificando, cuando la depresión es una situación que no tiene por qué ser crónica si se detecta y se trata adecuadamente.

Hemos de estar al tanto si el niño habla de la muerte.

Siempre se han de valorar las ideas de muerte en la depresión. SIEMPRE. Sea cual sea la edad del niño.

Es cierto que los niños más pequeños no tienen el concepto de la muerte bien establecido: no la perciben como un hecho irreversible. Cuando son muy pequeños piensan que la muerte es un acto transitorio. Más adelante piensan que la muerte está personificada en alguien que se lleva a una persona y la traslada a otro lugar. Es alrededor de los nueve años cuando ya el niño tiene una idea más concreta y más clara de la irreversibilidad de la muerte.

Por tanto siempre se ha de preguntar por las ideas de muerte a un niño con depresión, porque es un síntoma.

Finalmente decir que la depresión infantil es un trastorno que se puede identificar y se puede tratar. Que con el tratamiento adecuado se resuelve y no tiene por qué haber una recaída más adelante.

http://www.ccma.cat/catradio/alacarta/blog-de-pares/blog-de-pares-nen-trist-adolescent-enrabiat-la-depressio-no-afecta-nomes-els-adults/audio/740946/

Niño TRISTE, adolescente ENFADADO

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EDUCAR EN LA FELICIDAD

Todos los padres y madres quieren tener hijos felices. Buscan de alguna manera de educar en la felicidad. Hacen todo lo que esté en su mano para que a su hijo no le falte de nada y sea el mejor. Se les compra toda clase de juguetes que ellos quieren, para que estén contentos, y si a la semana ya se han cansado pues les compramos otros; si no les gusta ni la verdura ni la fruta ni el pescado, les preparamos otra cosa porque claro, pobrecitos. También se les apunta a trescientas actividades extraescolares para que sepan de todo y en el cole se les exige siempre mejor nota de la que sacan, porque si Pablito ha sacado un diez, ellos también pueden.

Muchas veces algunos de estos comportamientos son inevitables, porque realmente los padres quieren lo mejor para sus hijos y pensamos que esta es la manera de dárselo y así conseguir que les vaya todo bien en la vida, pero ¿es realmente un niño feliz así? ¿Realmente los niños valoran tener cientos de juguetes o que se les deje hacer lo que ellos quieran? ¿Es mejor presionar a nuestro hijo para que saque un diez en lugar de reconocer lo mucho que ha trabajado y el esfuerzo que ha invertido en sacar un seis?

Lo que sí quieren los niños es la atención y la valoración de sus padres, familia, amigos… su cariño, su presencia y poder contar con ellos; sentirse útiles y capaces en sus actividades diarias, que su esfuerzo sea valorado y que no se les pidan objetivos que no pueden alcanzar. También quieren unos padres que sepan guiarles con normas y no que los dejen a su libre albedrío todo el rato porque esto les desconcierta. En definitiva, un niño necesita apoyo, afecto y normas para crecer sano y feliz.

¿Cómo es un niño feliz?

Todos estaremos de acuerdo en que definir la felicidad es algo complicado, pero hablando de niños sí que podríamos explicarla de forma general en estos seis puntos que ayudan a formar una buena autoestima y satisfacción personal, puntos clave para educar en felicidad.

  • Es optimista y alegre. Un niño feliz sabrá ver el lado positivo del problema a resolver, será más creativo a la hora de encontrar soluciones y no se derrumbará por las adversidades que pueda encontrarse; reduciendo así las probabilidades de depresión y estrés en un futuro.
  • Es seguro de sí mismo. Sabe confiar en sus capacidades a la hora de resolver problemas y enfrentar nuevas situaciones. La seguridad le lleva a tener ilusión y confianza en sus proyectos y a sentirse capaz de lograr sus objetivos.
  • Tiene iniciativa. Un niño feliz tiende a explorar por su cuenta siendo esta su principal fuente de conocimiento. El tener la seguridad del apoyo paterno le permite emprender nuevas aventuras y probar nuevas experiencias, porque sabe que sus padres estarán ahí si algo ocurre.
  • Es responsable de sus acciones. Un niño feliz tiene responsabilidades ajustadas a su edad, como hacer los deberes, mantener ordenada su habitación, lavarse los dientes o vestirse solo. Al contrario de lo que pueda parecer, los niños disfrutan este tipo de tareas porque les hacen sentirse más autónomos y mayores.
  • Es independiente. Conforme va creciendo va siendo capaz de ir realizando actividades sin la intervención constante de un adulto. Es consciente de que sus padres están ahí para apoyarle y ayudarle a crecer pero que es una persona independiente y también tiene su función. Está bien ayudarles, pero no hacer por ellos algo que puedan realizar solos.
  • Mantiene buenas relaciones con otros niños. Los momentos de juego y de relación con los demás niños son muy importantes en su desarrollo. Un niño feliz y bien ajustado generalmente tendrá más amigos y disfrutará más de estos momentos. Crear lazos con personas externas al círculo familiar y de edades similares a la suya le ayuda a crecer y a desenvolverse en otros ámbitos distintos.

¿Cómo conseguimos educar en la felicidad? 6 consejos prácticos.

Según los estudios, los niños mejor ajustados y más felices son los que tienen unos padres que proporcionan un alto nivel de apoyo y afecto a sus hijos junto con un alto nivel de control. A esta combinación se le conoce como estilo parental democrático. Unos padres democráticos ponen límites a sus hijos pero les explican los motivos (tendremos que olvidarnos del famoso “¡Porque lo digo yo!”). Son tolerantes con las demandas; están dispuestos a negociar cuando sea conveniente. Los niños que han crecido bajo este estilo tendrán una gran autoestima, alta competencia social y un buen nivel de rendimiento escolar. ¿Qué se puede hacer para conseguir todo esto? es decir, ¿cómo educar en la felicidad?

Fortalecer el vínculo de apego

El apego es la vinculación con los padres; las muestras de afecto, cariño, cercanía y apoyo que estos muestran con su hijo. Es lo que da al niño un sentido de seguridad, autoestima, confianza y autonomía. Es muy importante que perciba que puede contar con nosotros, y que vamos a estar a su lado pase lo que pase.

Es mejor dejar de lado lo material a la hora de mostrar a nuestro hijo lo que nos importa o para recompensarle por algo y, por ejemplo, si saca buenas notas decirle que nos sentimos orgullosos de él, que sabíamos que podía hacerlo y proponerle ir a pasar un día a algún lugar que le apetezca.

El tiempo que les dediquemos tiene que ser tiempo de calidad como podría ser ayudarles con los deberes, jugar con ellos, preguntarles acerca de su día en el cole y su relación con los amigos, etc.

La recompensa preferida por los niños es siempre nuestra atención por lo que tenemos que procurar pasar el máximo tiempo que podamos con ellos  y dejar en un segundo  lugar los regalos y caprichos.

Validar sus emociones

Muchas veces tendemos a decirles a los niños “no llores”, “no pasa nada”, “no te preocupes, eso es una tontería” etc, sólo por el hecho de que son pequeños y desde nuestra visión de adultos lo vemos todo muy fácil. Tendemos a pensar que simplificando el problema les estamos consolando.

No hay que menospreciar sus emociones y sentimientos sólo por su edad, porque a ellos les afectan de la misma forma que a nosotros las nuestras. Por el contrario debemos estar emocionalmente disponibles, tienen que encontrar en nosotros un apoyo, a alguien que les escucha, se interesa por sus preocupaciones y les da la importancia que se merecen. De esta forma los niños al sentirse reconfortados, resuelven su problema de una forma sana y ganan confianza en sí mismos.

Hablar con los niños sobre sus emociones y sentimientos nos permite también educarles en este ámbito imprescindible para la vida. Podemos ayudarles a reconocer y saber expresar adecuadamente sus emociones; siendo este un aspecto muy importante en su desarrollo y al que no siempre le prestamos la debida atención. Como dice Daniel Goleman en su libro Inteligencia Emocional “el aprendizaje no sucede como algo aislado de los sentimientos. De hecho, la alfabetización emocional es tan importante como el aprendizaje de las matemáticas o la lectura”.

Si te interesa saber más sobre inteligencia y control emocional, te recomiendo leer este artículo.

Validar sus opiniones

A pesar de que son los padres los que ponen los límites y las normas, es muy bueno que algunas de ellas se puedan negociar con los niños, de esta forma se sienten capaces de decidir, y que su opinión se valora.

Es crucial para su felicidad y seguridad que los niños se sientan valorados en cuanto a sus ideas y opiniones, así tendrán más motivación y tenderán a cooperar más. Por ejemplo, si en una clase les pedimos a ellos que establezcan las normas de buen comportamiento, está demostrado que las cumplen mucho más y con mejor actitud que si les son impuestas. Se sienten mucho más responsables y comprometidos.

Evidentemente, no siempre van a poder participar en todas las decisiones; como por ejemplo que no hay negociación posible en comerse un helado antes de cenar. A pesar de ello debemos escuchar su punto de vista, valorarlo y acordar, por ejemplo, que si se come toda la cena podrá tener el helado después.

No etiquetarles

Etiquetar a un niño es decirle a menudo que es “malo”, “desobediente”, “tonto”… sólo porque ha pegado a otro niño, no nos está haciendo caso, o ha suspendido una asignatura. Es decir, establecer un adjetivo general para él basado en que algunas veces se comporta así, en lugar de centrarnos en la actitud concreta.

Las etiquetas les van acompañando a lo largo de su vida y cada vez será más difícil eliminarlas, con lo que el niño en lugar de ser libre y responsable de sus acciones, estará enmarcado en unos patrones inamovibles.

Para los niños sus padres son sus referentes, los que lo saben todo, por tanto si ellos les etiquetan de malos, pensarán que es cierto, y lo que es peor, sentirán que tienen que cumplir ese papel porque es lo que son y seguirán pegando, con lo que en lugar de eliminar una conducta conseguimos afianzarla.

La manera de no etiquetarles es centrarnos en el comportamiento en concreto a la hora de regañarles, hacerles ver que lo que acaban de hacer no está bien, explicarles por qué, y que entiendan que no son malos por hacer algo malo. Así el niño no considera que sea “malo” o un “pegón”, si no que la actitud que tuvo estuvo mal porque si pega a los compañeros les hace daño.

De esta forma conseguimos que aprendan también de sus errores y actitudes inapropiadas y fortalecemos su autoestima haciéndoles conscientes de que pueden mejorar y no están encasillados de por vida en un papel.

Mejor recompensar que castigar

El castigo es una forma de que los niños aprendan que sus conductas no deseadas tienen una consecuencia cuando son demasiado pequeños para razonar con ellos. Pero por supuesto, para que el castigo cumpla su función, hay que dejar muy claro qué se ha hecho mal y en qué consistirá el castigo, que deberá ser siempre proporcional a la conducta.

Aun así puede ser que el niño no vea la conexión entre su comportamiento y la consecuencia, con lo que la conducta se seguirá repitiendo y se habrá creado una hostilidad hacia los padres.

Una alternativa es explicar al niño cuales son los comportamientos alternativos que sí debe tener y reforzarlos, para que así los repita.

Por ejemplo, si un niño pega a otro porque le ha quitado su juguete tendríamos dos opciones:

La primera (el castigo)  sería apartarlo diez minutos sin jugar. Al cabo de ese tiempo, volvería a jugar y si el otro niño le vuelve a quitar su juguete, reaccionaría de la misma forma, y nos tocaría castigarlo otra vez.

La segunda opción (actitud alternativa recompensada) consiste en decirle que lo que ha hecho no está bien a pesar de que le hayan quitado su juguete. Le diríamos también que pidiera perdón por haber pegado y que si vuelve a pasar lo mismo sería mejor idea que le pidiese al niño el juguete de vuelta y si esto no funciona, que pida ayuda a un adulto. Una vez el niño pide perdón podemos decirle que lo ha hecho muy bien, y si a la próxima vez acude a nosotros en lugar de pegar debemos mostrarle lo contentos que estamos de que esta vez lo haya hecho bien.

Muchas veces ocurre que los comportamientos inapropiados de los niños son debidos a que desconocen otra forma de actuar. Con esta técnica conseguimos que actúen motivados por hacer las cosas bien.

Ser un ejemplo

Dentro de educar en felicidad esta puede que sea la parte más difícil, porque por mucho que sabemos de sobra como se tienen que hacer las cosas, somos los primeros en hacer muchas veces lo contrario. El problema es que no podemos inculcar valores en los niños con la filosofía del “haz lo que yo te diga pero no lo que yo haga”.

No podemos pretender que un niño no grite a los demás si nosotros cuando nos enfadamos le gritamos a él, o a nuestra pareja; o si le estamos obligando a acabarse el plato de la comida mientras tiramos la mitad del nuestro a la basura porque no nos apetece más. Los niños, que se fijan en absolutamente TODO, no tardarán en preguntar ¿mamá/papá y por qué tu sí y yo no? A lo que los padres suelen responder: ¡Porque la madre/el padre soy yo! O Porque yo ya soy mayor y puedo hacer lo que quiera. Y no es que les falte razón… pero no nos sorprendamos luego si nuestro hijo no nos hace caso.

Podemos seguir haciendo eso, o también podemos sacar provecho a servir de ejemplo a nuestros hijos, para así mejorar nuestros hábitos y comportamientos.

A fin de cuentas la influencia entre padres/educadores y los niños es recíproca. Así que todos nos beneficiamos de educar en la felicidad.

Resumiendo…

Para educar en felicidad tenemos que quedarnos con la idea de que las normas y los límites no son malos, al contrario, son completamente necesarios para proporcionar estabilidad y seguridad en la vida del niño. De esta forma, tendrá las herramientas necesarias para afrontar la vida conforme vaya creciendo y siendo más independiente.

No olvidemos tampoco el otro pilar fundamental que sostiene educar en la felicidad: el afecto, que ayudará a nuestros hijos a que tengan un mejor desarrollo emocional y ajuste conductual; serán más comunicativos y así se sentirán más respaldados y seguros.

Para que nuestro hijo sea un niño feliz no hay que colmarle de regalos y complacerle siempre en todo, ellos son felices con el simple hecho de que estemos presentes; como bien decía El Principito, “lo esencial es invisible para los ojos”.

Y para finalizar con una buena sonrisa, ¡Os dejo este video de la niña más feliz y positiva del mundo!

http://www.psicologiaenpositivo.org/un-pedacito-de-psicologia/educar-en-la-felicidad/

Estado Mundial de la INFANCIA

¿Qué harías si vieras a una niña de 6 años sola en la calle?

Con esta pregunta empieza el impactante video de UNICEF lanzado con motivo de la presentación de su informe anual ‘Estado Mundial de la Infancia’, donde la ONG alerta de que, si no se cambian las tendencias actuales, en 15 años morirán 69 millones de niños debido a causas evitables.

Un experimento para enfrentarnos a nuestros propios prejuicios y para recordar que todos los niños y las niñas merecen una oportunidad.

El video, de dos minutos, está protagonizado por Anano, una niña de 6 años que vive dos situaciones muy diferentes en función de su aspecto. Al principio, Anano se queda sola en una plaza. Vestida con un bonito abrigo y bien peinada. Enseguida, numerosas personas se acercan a preguntarle: ¿Cuántos años tienes?, ¿estás sola?, ¿vives cerca de aquí?, ¿te has perdido?.

A continuación, le cambian el aspecto. En vez del abrigo bonito, Anano luce un jersey viejo y grande, un gorro de lana, está despeinada y con la cara sucia. Anano se queda en el mismo lugar que antes, pero ahora tiene el aspecto de una persona sin hogar. La reacción de los transeúntes es totalmente diferente: Nadie habla con ella. La ignoran.

El mismo experimento se repite en un centro comercial. Esta vez Anano camina entre los clientes de una cafetería e incluso se sienta en alguna mesa con gente. Al igual que la primera vez, cuando Anano parece una niña con recursos económicos, la gente se muestra cercana a ella, le preguntan por qué está sola, le dan besos y le regalan un avión de papel.

De nuevo, le cambian el aspecto y la reacción de la gente pasa del cariño al desinterés y un señor incluso le pide a un camarero si “se la puede llevar de ahí”. Según explican en el video, el experimento se termina ahí, “Anano se puso muy triste”.

El video acaba con una contundente frase: “Esto es lo que sienten millones de niños todos los días. Tú puedes ser parte del cambio”. Desde UNICEF afirman que esta situación se podría evitar “con la voluntad de personas, gobiernos, donantes, empresas y organizaciones internacionales”.

Según el informe de la ONG, en España, la tasa de riesgo de pobreza o exclusión social de los niños en 2015 fue del 34,4% y escala hasta el 60,3% cuando esos niños son hijos de migrantes afincados en el país. La media de pobreza infantil en la Unión Europea es del 21,1%.

Me llamo Anano, tengo 6 años y estoy sola

RELAJACIÓN en el AULA

Los ejercicios de relajación tratan de hacer desaparecer la tensión en la clase o en el hogar, pero sobre todo en los niños y lograr un estado de comodidad, placentero de paz y tranquilidad, tanto física como mental.

En el aula  pueden usarse diversas ejercicios para lograr un estado de bienestar general, muchas de ellas se usan para mejorar la creatividad, la emocionalidad, el ánimo y la atención en clase, entre ellas encontramos las siguientes:

  • Respiracion consciente
  • Relajacion muscular
  • Yoga para niños
  • Meditaciones y reflexión
  • Elaboración de mandalas
  • Masajes relajantes

Objetivo de los ejercicios de relajación en el aula

  • Descubrimiento y conciencia de su propio cuerpo y aprender a relajarlo por completo
  • Aprender estrategias para la superación de momentos de tensión, ansiedad, bloqueos, conflictos, entre otros.
  • Conocimiento de las emociones propias, positivas y negativas y aprender a autorregularlas.
  • Favorecer la calidad de las relaciones interpersonales aportando soluciones para superar conflictos o problemas en clase
  • Control del grupo, de la impulsividad y retorno a situación de normalidad y estabilidad.

6 actividades y ejercicios de relajación en el aula de clases

Respiración consciente

La respiración es imprescindible en la vida, el estrés genera en respiración superficial, escasa en oxígeno para el cerebro, lo que perjudica al organismo porque el cerebro no se está oxigenado eficientemente. Las situaciones de conflicto generan una respiración acelerada y de mala calidad por ello hay que aprender técnicas de respiración profunda y eficiente.

Resulta importante estar en plena conciencia de cómo respiramos para enseñar a los niños a que estén conscientes de su propia respiración y logren una más profunda y eficiente, la respiración eficiente, los ayudará a relajarse y a volver a la situación de calma anterior al conflicto.

Relajación muscular

Consiste en tensar y relajar alternando los músculos de nuestro cuerpo, con la práctica de esta técnica no les será difícil a los niños aprender la diferencia entre relajar y contraer. La técnica requiere cierto grado de concentración en los movimientos de contracción y relajación muscular. Aun cuando ya se piense que los músculos esta relajados tratar de relajarlos más, la relajación muscular puede hacerse acostado en alfombra de yoga o bien sentados, de acuerdo con la disponibilidad del aula y el espacio dispuesto para la relajación.

Cada ejercicio re relajación tendrá una duración de entre 5 y 10 segundos y se repetirá por lo menos 3 o 4 veces. La relajación deberá comenzar por la cara, pasando por el cuello, tórax y luego las piernas procurando hacer énfasis en los músculos de la espalda que debe permanecer bien rejalada, y por ultimo las piernas

Yoga infantil

El yoga en una práctica india, que esta relacionada con la naturaleza y el alma, se trabaja usando una serie de ejercicios físicos (asanas) y técnicas de respiración (pranayama) y meditación que mejora la salud, tonifica el cuerpo y lleva a un estado de relajación y de equilibrio. El yoga infantil se le presenta a los niños como un juego donde se pueden desarrollar la imaginación ya que las asanas de animales y elementos de la naturaleza les resultan muy motivadoras e interesantes además de divertidas.

La pranayama es el hilo conductor de la conectividad entre el cuerpo y la mente, la meditación de los niños es una actividad tranquila donde pueden activar su creatividad y desarrollar su concentración. Es importante contar con un espacio abierto en la escuela si quieres usar la técnica del yoga infantil, debido a que se necesita el ambiente natural adecuado y sus sonidos propios, puedes ayudarte de música de relajación natural con sonidos de la naturaleza.

Meditaciones

La meditación es una técnica oriental en la que se dedican de 5 a 20 minutos diarios a relajar el cuerpo y ponerlo en sintonía con la mente, los  niños deben vestir ropas cómodas o deportivas no cruzar ni piernas ni brazos, poner música de meditación o de la nueva era, relajación o instrumental mezclados con sonidos de la naturaleza, se puede partir de un momento agradable o una imagen agradable para cada niño: un paisaje natural la playa, visita a la playa o campo, la creatividad e imaginación se pone de manifiesto. Durante la meditación se pueden bajar los niveles de ansiedad o estrés producidos por conflictos o problemas externos en la escuela.

Mandalas

Se ha hablado de las mandalas son básicamente círculos con diversos motivos para observar o colorear que favorece la relajación de la mente y el cuerpo, la actividad artista mediante un fenómeno visual favorece la atención y relaja la mente y el cuerpo de tensiones acumuladas durante situaciones conflictivas, formas de trabajarlas hay muchas y muchos motivos para crear nuevas mandalas según la ocasión o el problema que se desee solucionar.

En esta página puede encontrar formas de trabajar las mandalas y fichas sugeridas para trabajar la relajación en aula con esta técnica

Masajes

Los masajes es otra forma de abordar unos minutos de relajación en el aula de clase con el fin de conseguir el bienestar de la mente y el cuerpo y volver a la calma, el masaje infantil puede estar centrado en los hombros en donde se concentra gran parte de la tensión muscular y facilita la relajación de esta parte de la espalda tan fundamental por ser un centro nervioso importante entre la cabeza y la espalda.

Esta técnica facilita recursos para la formación de vínculos afectivos entre los alumnos y su maestro o entre cada niño y sus compañeros. El masaje infantil aporta un clima de serenidad, seguridad, afecto y confianza dentro del área escolar, contribuyendo a la construcción del esquema corporal, de la propia identidad y la de sus compañeros, es recomendable para el alcance de una autoimagen correcta favoreciendo la autoestima y confianza personal.

Les dejaremos algunas fichas que son útiles con actividades y ejercicios de relajación e instrucciones para trabajarlas con  los niños en clase o en el hogar según sea el caso.

Actividades y ejercicios de relajación para niños