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Proyecto:EL PRESENTE PERFECTO

PRESENT PERFECT: “Una guardería en un centro de ancianos”

El título de su video hace referencia a que la felicidad es una oportunidad que se da una vez en la vida y esa oportunidad es ahora, en el presente.

Hace unos meses llegó a mis manos esta fantástica historia. Ya, en varias ocasiones, había barajado la posiblidad de realizar distintas actividades con personas mayores que viven en residencias o que asisten a centros de día.

Este año, espero poder hacer realidad este sueño….que,de momento, sólo puedo adelantar que ya se está entre los fogones.

Creo que puede ser una experiencia muy gratificante y enriquecedora, tanto para mis alumnos como para las personas con quién vamos a compartir estos momentos.

Ponen una guardería en un centro de ancianos y sus vidas cambian por completo:

En el marco de un proyecto social en una residencia de ancianos en Seattle, EE.UU., decidieron instalar una guardería con niños preescolares. El resultado fue sorprendente: la vida de todos ha cambiado por completo.

Guardería en el centro de ancianos

El 43% de los ancianos estadounidenses sufre de aislamiento social, vinculado a la depresión y a la decadencia física y mental. Por eso, en el centro de adultos mayores conocido como Providence Mount St. Vincent, decidieron reunir a distintas generaciones para mejorar el ambiente y resultó perfecto.

Este centro sirve para que dos generaciones totalmente distintas vivan juntas, compartiendo amor, respeto y paciencia para hallar ese punto de equilibrio entre los que van sin prisa por la vida y los que tienen toda la vida por delante, informa ‘ABC News’. ¿Cuál es el valor de la infancia en la edad adulta?

Cuando una persona mayor tiene un motivo, una razón, un objetivo, una responsabilidad para vivir, vive más tiempo que si no tiene nada de ello.

En este centro residencial habilitaron el Centro de Aprendizaje Intergeneracional (ILC, por sus siglas en inglés), una instalación de cuidado infantil que permite a los pequeños interactuar en diversas actividades con las personas de la tercera edad.

El experimento demostró que los niños se hacen más receptivos hacia las personas con discapacidades, aprenden sobre el proceso de envejecimiento, reciben atención y amor de los residentes cariñosos y entienden que los adultos también necesitan ayuda.

Por otra parte, los ancianos estimulan su actividad física jugando con los niños, se ríen juntos y tienen oportunidades de transmitir distintos conocimientos, a la vez que la interacción influye positivamente en su autoestima.

 

https://actualidad.rt.com/sociedad/178119-ninos-ancianos-conviviencia-residencia-experimento

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¿Por qué debes agacharte para hablar con un niño?

Pequeños en un mundo de Gigantes

Imaginaros que vosotros intentáis hablar con otra persona y que está lejos o que estáis sentados en el suelo y alguien que está de pie os quiere decir algo importante… Qué suele ocurrir en estos caso? Necesitáis la cercanía para poder escuchar ‘bien’ lo que os quieren contar o de igual manera lo que queréis decir. Es interesante, plantear un escenario parecido al que viven los niños cuando se quieren comunicar, escuchar y aprender en un ‘mundo de gigantes’.

En alguna oportunidad os hemos hablado de lo importante que es tener en el hogar los recursos a la altura del uso de los niños pequeños como en la pedagogía Montessori, porque invitan a su uso y generan autonomía. En la comunicación sucede algo parecido, hablamos desde arriba hacia abajo con ellos, miramos y damos todo nuestro amor, nosotros altos desde su mirada de niños, a veces un poco inaccesibles.

Me importas y te entiendo, me interesa lo que dices y te miro como me miras tú a mí.

El contacto visual directo

La comunicación no verbal, el contacto visual, nos habilita esa escucha activa, nos permite conectar, escuchar de verdad. El hablar constantemente agachados a su altura, produce indirectamente un efecto de escucha sensible, ya que estamos utilizado nuestra ventana al mundo, nuestros ojos, para mirarles y así también escuchar sus necesidades, esto es muy importante en la comunicación no verbal que es la comunicación inicial del ser humano.

El contacto visual directo a la misma altura permite transmitir un: Me importas y te entiendo, me interesa lo que dices y te miro como me miras tú a mi… En este momento lo que me quieres decir es lo más importante del mundo para mí y te quiero.

Beneficios

Os enumero los beneficios de agacharse para hablar con l@s niñ@s a su altura:

  • Se produce una comunicación más fluida.
  • Agacharte permite dirigir todo tu cuerpo hacia el niño y escucharle así por completo.
  • Estar a su altura invita al abrazo y a la confianza de tenerte cerca.
  • Utilizar frecuentemente el contacto visual directo, permite mirarle a los ojos mientras te habla o le hablas.
  • Ayuda a desarrollar el lenguaje, los niños y niñas tienes más ganas de decirnos las cosas!
  • Permite tomar conciencia del momento, evitando el te escucho pero veo todo lo demás que ocurre a mi alrededor.
  • Somos diferentes, pero nos comunicamos como iguales. Tiene implícito el aprendizaje de la igualdad en la diversidad.
  • Las emociones se pueden ver también a través de las expresiones fáciles. Agachados no perdemos detalle.
  • El niño se siente seguro y sobre todo valorado. ‘Alguien se agacha para hablar conmigo.’
  • Estimula la inteligencia emocional, cuando tenemos una conversación fluida ‘en sintonía’ con alguna persona, nos sentimos más a gusto.
  • Transmite confianza y seguridad. Recuerda que cuándo dices un secreto cómo lo dices? muy cerca, muy cerca!
  • La principal forma de comunicación en los niños pequeños es la comunicación no verbal, el estar agachados podemos disfrutar mejor de esta forma de comunicación.
  • Agacharnos para comunicarnos invita al niño o la niña a verbalizar sus emociones.
  • Genera empatía, porque si tu te agachas para poder hablar conmigo, yo me esforzaré en hacer… para poder comunicarme con otra persona.
  • Agachado es más fácil saber qué siente el niño y no sólo qué dice el niño.

http://babytribu.com/por-que-debes-agacharte-para-hablar-con-un-nino/

 

Soy SORDA y soy CIENTIFICA

Nadie creía que llegaría a la universidad porque soy sorda: ahora soy científica

Me llamo Cristina y soy sorda.

Es lo primero que digo cuando me presento, últimamente ante las miradas curiosas de alumnos a los que doy clases prácticas de Microbiología Médica. Les veo pensar en cómo lo voy a hacer. Veo las preguntas cruzar la cara de la gente oyente (“¿Sorda? Muy sorda no será. Pues parece normal”). Dejo que me vean los audífonos negros, porque es mi color favorito, y grandes porque la pérdida es severa, casi profunda. Les hablo con este acento raro que casi nadie sabe ubicar de dónde es realmente; siempre creen que es del sur, pero mezclado con acento del norte, lo que les desconcierta. Me expongo. Pero no les hablo de mí, sino de lo que la gente oyente necesita saber de las personas sordas.

No recuerdo haber oído nada antes de los seis años: puede que naciera así o puede que fuera perdiendo audición poco a poco. No se sabe. Esquivé varios diagnósticos que concluían que yo era muy distraída. Pasé por un psicólogo al que odié muchísimo por taparse la boca una y otra vez impidiendo así que le leyera los labios, algo que había aprendido a hacer cuando ponían sus caras ante la mía. Y así, de repente, sin saber qué estaba pasando -como me pasaban todas las cosas entonces, como cuando me cortaron mis cuatro pelos como un niño- me encontré visitando un internado donde vivían niños cableados. Recuerdo mi inquietud entonces.

En el internado (que era un colegio para sordos, pero entonces no lo sabía), entramos en una consulta médica. Así que era eso, no me iban a dejar allí, menos mal. Otra cabina blanca, otros cascos y a través de la ventanita, una mujer de bata blanca y con expresión cada vez más adusta. Salí de allí con unos audífonos color carne que hablaban de disimulo, enormes y feos. Salimos con el peso del diagnóstico y la incertidumbre de mis padres colgando de mis orejas. Ojalá ver el futuro a través de una bola de cristal.

Mucha gente oyente me dice que mis padres tomaron la decisión correcta al dejarme continuar en el colegio normal entre niños oyentes en vez de llevarme a un colegio de sordos. Siempre me sonrío y pienso que en realidad, ellos no sabían qué era lo correcto. Sé que muchos lo dicen porque les parezco oyente y creen que es lo deseable para cualquier persona sorda. Lo que no saben es que la mayoría de las personas sordas nacen en familias de oyentes y la habilidad que tienen con el lenguaje oral es una mezcla de la competencia del resto auditivo de la persona sorda y de la estimulación que recibe de su familia. Mi abuela materna era sorda, así que en mi familia estaban acostumbrados a vocalizar bien: el grado de entendimiento es tal que puedo conversar con ellos sin necesidad de audífonos.

No quiero ser fuente de inspiración para oyentes (suele ser un signo de bajas expectativas en las personas con discapacidad) y tampoco quiero ser un ejemplo para otras personas sordas que diariamente luchan contra el sistema educativo para conseguir tener intérpretes de Lengua de Signos en todas las horas lectivas. Mis padres apostaron más que decidieron, como imagino que hacen todos los padres de niños con diversidad: apostar teniendo fe en sus hijos. A pesar de que les recomendaron llevarme a un colegio especial porque si no, no podría seguir el ritmo y terminaría siendo analfabeta funcional. Así que no, no fue la decisión correcta, sino su fe en mí.

Viví los primeros pasos del esfuerzo integrador en los 80. Se basaba sobre todo en asimilarte como un oyente con ciertas dificultades, solucionadas de manera rudimentaria como ponerse en la primera fila de asientos y horas en clases de apoyo (que eran un cajón de sastre de niños con todo tipo de diversidades). Intentaron sin mucho éxito corregir mi defecto de dicción con las eses (que perdura) y reforzar asignaturas flojas, que dictaminaron que lo eran por mi falta de habilidad. Me gusta pensar que he sido una especie de piloto de pruebas de la vida académica.

Cuando aprendí a leer, en casa, fue como descubrir el código para descifrar lo que decían los labios de las caras que me rodeaban. Más tarde supe que lo que siempre tenía mi hermana mayor entre manos, y con lo que podía estar quieta horas y horas, era un libro. Y así, amplié mi vocabulario a pasos agigantados, consumiendo su inagotable paciencia sin mandarme ni una sola vez a consultar el diccionario. La vida subtitulada.

Me echaron unas cuantas veces de clase durante el inicio de la etapa escolar con audífonos. Me echaban porque me pillaban copiando; era tan poco maliciosa que ni siquiera disimulaba demasiado. No preguntaron por qué necesitaba copiar. No he sido una persona modelo que obtenía resultados académicos brillantes. No tenía muchas opciones de conseguirlos si no sabía cómo se hacían las cosas. Sin embargo, era muy consciente de cómo la brecha de todo lo que no comprendía se iba agrandando más y más, y las materias duras caían con todo su peso sobre mi boletín de notas. Entonces, como una oyente de mentira, pensaba que era un problema por mi falta de capacidad intelectual. Con el tiempo se hizo necesario tomar clases particulares donde me contaban cara a cara, a través de mi bloqueo, todos los huecos que le faltaban a mi pirámide de conocimientos.

Y mientras pasaba todo eso, leía, leía y leía. Los libros eran mi ventanita al mundo, lo que para otros era la televisión (no había subtitulado entonces). Todas las visitas al otorrino terminaban con un libro nuevo en mis manos. Intentaba sin éxito leer en las comidas, hasta que me quitaban el libro, y en dos ocasiones en clase metí uno entre las páginas del libro de texto.

Al llegar al final de la etapa escolar, dados mis resultados mediocres, a mi madre le aconsejaron un recorrido académico alternativo que existía entonces, dando a entender que sería lo mejor para mis capacidades. Aquello me puso bastante furiosa y enfilé a lo más difícil de todo. Al Bachillerato. A la modalidad Ciencias de la Salud (“¿ya podrás?”). A la Universidad. A Bioquímica. A lo que me gustaba.

Lo que no cuentan de la superación es que no es ninguna escalada de éxitos. Se parece a correr una carrera de obstáculos donde tiras las vallas. Fueron mil horas de estudio y clases particulares para demostrar que no era menos que nadie. Pero qué se habían pensado. Copiando buenos apuntes (transcripciones de las clases). Intentando entenderlos por mí misma. Suspendiendo y aprobando. Pensándome como una oyente más, con ciertas dificultades. Y preguntándome muchas veces si merecía la pena.

Nada de esto ha puesto a más personas sordas a investigar o a dar clases. Y aunque no puedo negar la satisfacción personal, es un ochomil bastante solitario mientras explico a los alumnos en la Universidad que aunque parezca que les entiendo perfectamente, la lectura labial en mi caso es fundamental. Que cuando se dan la vuelta y hablan, solo oigo (a veces) voces, pero no entiendo. Que no es lo mismo oír que entender. Que leer los labios es un Scrabble mental a toda velocidad de rellenar huecos por contexto, memoria auditiva e información visual. Que no griten, ni hablen despacio ni deprisa. Que no todas las personas sordas son como yo. Y que no existen las personas sordomudas.

Me llamo Cristina y soy sorda. A pecho descubierto y celebrando la diferencia. Veinte años para llegar a una frase tan sencilla (ahora tengo 35). Hasta entonces me definía con un “no oigo bien” (sic) o retrasaba el momento de la “confesión” (a veces llegaba hasta malentendidos absurdos y cómicos, arriesgándome a miradas raras), primero por percibirlo como defecto, y después por colocar mi intimidad lejos de miradas curiosas.

Fue así hasta que decidí aprender Lengua de Signos. Aprendí muy rápido y disfruté de conocer y conversar con personas que eran como yo, y a la vez, muy diferentes. Aprendí a sentirme orgullosa de la identidad que compartimos. Me hicieron (casi obligaron a) utilizar una emisora FM que me permitía escuchar las clases durante los dos últimos años de Bioquímica, lo que me obligaba a levantarme del asiento para darle al profesor la petaca transmisora y decir a una persona desconocida: me llamo Cristina y soy sorda. Todavía me acuerdo de mi resistencia inicial a hacerme visible así. Y después me di cuenta de lo difícil que había sido hasta entonces.

Soy sorda. No me veía investigando, pues nos decían mucho que solo los mejores lo logran y creía que era un poco tarde para mí, que en dos años me había dado cuenta de lo mucho que había perdido y de lo cansado que es. Pero probé. Y probando, me doctoré en un laboratorio, que, como todos, tiene la mayoría de las alarmas acústicas. Controlando visualmente los tiempos de experimentos, pues también los temporizadores suelen ser acústicos. Rompí un aparato porque las instrucciones especificaban darle vueltas hasta oír el clic. No lo oí.

Samuel Beckett dijo: “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better”. (“Inténtalo. Fracasa. No importa. Inténtalo otra vez. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor”). Creo que es la frase que mejor me describe. Me encanta el inglés, leo cada día y escribo habitualmente por mi trabajo, pero no puedo hacer listenings, lo que en las escuelas oficiales de idiomas nos impide a las personas sordas realizar exámenes oficiales.

Soy sorda. No hay aún tecnología en el mundo que pueda cambiar el hecho de que la persona sorda lo sigue siendo independientemente de si utiliza audífonos, implantes cocleares o nada en absoluto. No hay cura, nadie se convierte mágicamente en oyente, porque “ser oyente” siendo sordo es un trabajo arduo, un making-off que nadie cuenta y unos títulos de crédito que nadie lee.

No quiero desanimar con esta lectura a los padres y madres que afrontan la vivencia de la sordera con un lapidario “no hay cura”. En su lugar hay una oportunidad única de cambio social que nos compromete a todos, a las personas sordas, para que con activismo consigamos la accesibilidad plena y tengamos mayor representación, y a las personas oyentes para que cuenten con nosotros en la construcción de una sociedad donde la diversidad sea la norma.

Me llamo XXXX y soy sordx. Por favor, mírame cuando me hablas y repíteme el mensaje a mí y no a mi acompañante oyente, dirígete a mí y no al intérprete de Lengua de Signos, agita la mano o tócame un brazo si necesitas llamar mi atención, asegúrate de que te entiendo, utiliza papel y bolígrafo, transcribe tus vídeos y podcasts, exige que tu cadena de televisión regional incluya subtitulado, pide que los eventos y congresos sean accesibles, no importa si eres oyente.

Me llamo XXXX y soy sordx. Comunícate conmigo.

http://verne.elpais.com/verne/2016/06/07/articulo/1465307573_039543.html

¡CUENTAME!

Cuando nuestros niños llegan a casa o queremos que nuestros alumnos nos cuenten que hicieron el fin de semana, en ocasiones, tienen dificultades para poder expresarse correctamente.

Hace unos meses, encontré un fantástico material en http://www.aulapt.org/ con el que podemos ayudarles a organizar la información y que, posteriormente, creen la historia o cuento.

Y,como os comentaba al principio, también, os puede ayudar de guía para pregutarles sobre lo que hicieron en el cole, en la excursión, visitas culturales, etc.

Esta tarde, les propuse a mis alumnas inventarse 2 minicuentos partiendo de una de las actividades del documento.

Para esta ocasión, empleamos la técnica del trabajo cooperativo, en el que cada una iba respondiendo a una de las preguntas y, finalmente, entre las 4 completaron el cuento.

minihistorias-picos

En el siguiente enlace, encontraréis 36 documentos con los que poder trabajar:

CREAR MINI HISTORIAS CON ORGANIZADOR DE PREGUNTAS PREVIAS. Versión con Pictogramas

 

 

¿Qué tal en el cole?

Muchos padres nos comentan que sus hijos no cuentan nada de lo que hacen en el cole o responden con un “bien” cuando les preguntan que tal les ha ido en el cole.

Cuando se trata de alumnos con diversidad funcional, esto se suele complicar más.

Hace un tiempo,ya compartí este documento que ya algunos papás y mamás han aprovechado con buenos resultados:

https://atencionaladiversidadrql.wordpress.com/2015/01/23/que-tal-te-ha-ido-en-el-cole/

Hoy, me he encontrado con estas otras preguntas que usan unos padres de familia, preocupados por la falta de información del cole de sus dos hijos más pequeños.Espero que os sirva:

¿Qué te ha dicho hoy la maestra?

Lo que hay que evitar a toda costa son las preguntas cerradas en las que pueden responder con un sí o un no. Al preguntarles qué les ha dicho el maestro, se les obliga a reflexionar, a pensar en la jornada y en las diferentes interacciones que han mantenido con el profesor.

Resultado: los listillos que sólo responden sí o no cuando les preguntas si han tenido un buen día tendrán que dar una respuesta mucho más detallada y específica.

¿De qué color era la camisa del profesor?

En primer lugar, os permite saber más sobre sus gustos de vestiment. Además, es una pregunta graciosa, un poco absurda, que hará reír a tu hijo y le relajará. Es perfecto para ponerle en situación y que se prepare para contarte todo su día… Al final, se convertirá en un ritual y verás que el niño entra al trapo y se preocupa por recordar la ropa que lleva el maestro todos los días. Seguro que os echáis unas risas.

Resultado: diversión y una buena costumbre que os puede servir cuando el niño se muestre un poco reticente con la idea de ir al cole. Obviamente, puedes cambiar lo de la camisa por otra pregunta tonta que os haga gracia.

¿Qué te ha hecho reír hoy?

Me encanta esta pregunta, pero sobre todo me encantan las respuestas. Porque, francamente, la mayoría de las veces sólo entenderás la mitad de lo que el niño te cuente y una cuarta parte de la situación. Pero el hecho de ver cómo le brillan los ojos cuando te cuenta sus aventurillas no tiene precio.

Resultado: revivirá los momentos de alegría que ha experimentado en la escuela y cogerá confianza para los demás días de la semana.

¿Con quién has jugado en el recreo? o ¿con quién has comido en el comedor? 

Los míos no se quedan en el comedor escolar, pero quizá los vuestros sí. Así sabréis si suele jugar con los mismos niños o si cambia de amigos como de calzoncillos (lo cual ocurre muy a menudo con los más peques).

Resultado: el niño vuelve a recordar un momento concreto del día, lo que puede contribuir a que os cuente algunas anécdotas más sobre sus compañeros de clase.

¿Hay algo que no te guste del colegio? O su variante: ¿hoy te ha dado miedo algo?

He de reconocer que no hago esta pregunta todos los días, sino más bien una vez a la semana (o menos), y los pequeños no me contestan demasiado. Por el contrario, el mayor sí que responde. No digo que vaya necesariamente a contaros sus preocupaciones, pero, con esta pregunta, le ayudas a señalar lo que no le gusta demasiado sin hacerle sentir culpable. Eso sí, ¡ojo con las respuestas! Os pueden sorprender.

Resultado: le estáis demostrando que puede compartir con vosotros lo que le preocupa, y que podéis encontrar soluciones juntos, lo cual le tranquilizará.

¿Hay algún niño que lo esté pasando mal en estos momentos? 

Por un lado, le ayudas a concentrarse en algo que no sea sus problemillas. Por otro, me he dado cuenta de que esta pregunta les permite sentirse más implicados dentro de la clase. Por ejemplo, cuando me cuenta que hay un niño que sigue llorando por las mañanas en el momento de la separación, le explico que puede ir a verlo y proponerle que jueguen juntos o, simplemente, hablar con él, darle un abrazo…

Resultado: es así como descubrí que el mayor abrazaba todos los días a una niña de su clase. ¡Qué pillín!

http://orientaciongal.blogspot.com.es/2016/01/que-tal-no-cole-proba-con-estas.html?m=1

 

 

10 tipos de actividades para hacer hablar a los alumnos

PROYECTO TOMA LA PALABRA:

Entre las necesidades fundamentales del ser humano está la de comunicarse verbalmente. Esta necesidad es inherente tanto a adultos como a niños. Por eso es importante incluir la enseñanza del lenguaje en los currículos escolares desde las primeras etapas, ya que con ello estamos favoreciendo el desarrollo de la competencia comunicativa.

                                                 Fuente de imagen: La cometa verde

Puesto que la lengua es el fenómeno comunicacional más complejo y exclusivamente humano, el desarrollo del lenguaje ha de tener un tratamiento especial en la etapa escolar. El lenguaje oral es no sólo instrumento de comunicación sino también de socialización,  al posibilitar una comunicación fluida con otros agentes del entorno.

Por todo ello, desde la escuela  se debe favorecer la expresión oral, que habrá de  ser trabajada en todos sus componentes. Habrá que estimular al niño a narrar y a “participar en conversaciones colectivas o diálogos”. También deberá familiarizarse con la tradición oral,  como primera incursión en la cultura verbal.

Estas son las razones por las que se inicia este proyecto dirigido a favorecer las destrezas comunicativas de mi alumnado abarcando especialmente los aprendizajes formales, pero incluyendo también otros de carácter no formal e informal.

https://tomalapalabraedu.wordpress.com/2015/08/28/10-tipos-de-actividades-para-hacer-hablar-al-alumnado/

http://es.calameo.com/read/000218049c41513195fdc

http://www.orientacionandujar.es/wp-content/uploads/2015/08/Actividades-para-trabajar-la-expresi%C3%B3n-oral.pdf