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El papel de la actividad libre

Una reflexión para empezar la mañana:
Hoy os traigo una anécdota de una chica que compartió conmigo a través del correo y me apetecía traerla aquí para reflexionar (por supuesto con su permiso)…
Aquel día, en pleno mes de agosto, entré en el aula de dos años porque su tutora se tenía que ir y me tocaba sustituirla… Nada más entrar, vi a los niños sentados -cada uno en su silla- no lo voy a negar se me parte el alma verlos así. Me dijo la tutora qué hiciera lo que quisiera con ellos pero que tenían que estar un tiempo sentados -“para que se vayan acostumbrando para el cole“-. Vamos, que la cosa no podía ir mejor -modo ironía activado-.

Saludé a cada uno de los niños y les pregunté: “¿Qué os apetece hacer?” Recibí respuesta de tres alumnos que habían estado de septiembre a junio en mi grupo de las tardes -cada tres semanas tengo jornada partida por lo que coincidía con ellos-. Pregunté al resto, concretando más “¿os apetece puzles, pintar,…?“. Al final, no sé muy bien cómo, todos querían pintar o no me contestaban.

Repartí un folio a cada uno con su nombre, y coloqué los botes con ceras en el medio de las mesas, les dije que podían pintar lo que quisieran.

De repente una de las niñas me dice: “No hay un sol para pintar“.  La miré y le dije: “¿seguro?, ¿no tienes una hoja en blanco?“. Ella me respondió: “no hay un sol para pintar“. Si bien es cierto que razón no le faltaba, al final logré convencerla de que podía hacer trazos libremente con la cera como algunos de sus compañeros.

También observé que uno de los niños no tenía cera, le pregunté: ¿no te apetece pintar? El niño me respondió “no tengo cera“. Lo animé a que tomara él, una del bote, que estaba colocado en el medio de la mesa. Tomó la iniciativa, pero tuve que encauzarlo yo.

Cuando salí, pregunté a una de las educadoras ¿cómo era el día a día en aquella aula? Me comentó que trabajaban por programación editorial, se aplicaba el libro tal cual y lo niños trabajaban por fichas.

Observé que los niños que habían estado conmigo por las tardes, sabían salir del apuro, tenían iniciativa (cada uno cogía la cera y empezaron a dibujar sin que la educadora tuviera que pautar el trabajo todo), estos niños hablaban mientras dibujaban y pasaron un rato agradable. Pero los otros estaban perdidos porque estaban acostumbrados a un trabajo más pautado y en silencio- incluso llegué a escuchar a una niña decirle a un niño “cállate, no se habla mientras se trabaja“-.

Esta anécdota me permite reflejar un ejemplo de que emplear metodologías tan cerradas y limitadas -como son las fichas-, coarta al niño. El niño quiere experimentar, quiere tocar, quiere explorar… y la actividad libre (dibujar, bailar, jugar,…) es vital para un niño sano emocional y físicamente. Por eso  me parece fundamental dar tiempos de calidad para la actividad libre.
 
¿Somos conscientes de la responsabilidad que tenemos en nuestra manos?, ¿somos lo suficientemente críticos con esas metodologías o pedagogías que nos están vendiendo como “lo más de lo más” y que van en detrimento de los más pequeños?, ¿qué papel le damos a la actividad libre en el día a día a de la escuela -al fin y al cabo podemos decir que le damos protagonismo pero si estamos continuamente interrumpiendo y tocando las narices, pues va ser que nos cargamos la esencia de esas actividades-?,…