DEJA DE GRITAR

¨Comunicate en los conflictos con empatía, escucha activa, paciencia y respeto¨

No voy a negarte el que seas humano y a veces te veas desbordado, tengas berrinches, te superen las circunstancias o los niños te hagan exasperarte por no hacer caso en momentos realmente importantes. No voy a negarte que, en ocasiones, un grito hará que te obedezcan. Pero gritar es agresivo, les asusta y peor aún, les acostumbra a asimilar que los problemas se solucionan gritando y que el más fuerte tiene más razón. Y si les gritas en alguna ocasión, pídeles perdón.

Busca estrategias de autocontrol, reflexiona, organiza tu vida de manera que sea más sencillo atenderles sin estar al borde del ataque de nervios. Pero sobre todo, respetales como respetas a otras personas. Toma esa decisión.

Déjales jugar libres

El juego es indispensable para el desarrollo mental, emocional, cognitivo y físico de los niños. Es su alimento y la forma en la que aprenden del mundo en todos los aspectos. Jugar es un tema muy serio y los niños necesitan espacios y tiempos suficientes para jugar todo lo que necesiten. Nada hay más importante para ellos.

No permitas que tus compromisos o los mandatos escolares se impongan a la necesidad primordial de los niños que es jugar. Conviértete en el garante de la posibilidad de juego. Ocúpate activamente de que tus hijos tengan tiempo libre y puedan tener amigos, juguetes y espacio libre para desarrollar esta importante actividad. No les interrumpas si no es realmente indispensable, no les des instucciones todo el rato, acompáñalos si te lo piden pero sin dar órdenes ni corregirles.

Haz de ellos tu prioridad de verdad

Para vosotros seguro que vuestra prioridad son vuestros hijos pero ¿lo saben ellos?, ¿lo sienten?

Sin duda hay obligaciones que tenéis que cumplir pero,  seguro que en muchas ocasiones que estáis con vuestros hijos no les transmitís lo importantísimos que son para vosotros. No con palabras, y menos todavía con reproches y quejas, sino con actos. Hechos son amores, no buenas intenciones. Apaga el teléfono o deja de atender llamadas sin importancia cuando estés con ellos. No estés enganchado en el teléfono o el ordenador cuando ellos están a tu lado, pues les estás transmitiendo que lo otro te importa más. Deja de mirar la tele y juega con tu hijo si te lo pide.

No le digas que no te interrumpa continuamente, escúchalo, para el niño lo que tiene que decirte a ti, la persona que más ama en el mundo, puede ser de gran importancia. Tampcoo es que lo conviertas en un maleducado que exige poder imponerse en cualquier momento hagas lo que hagas, pero, si se acostumbra a que tu estás disponible de verdad, comprenderá que puede esperar también.

Si tu hijo quiere jugar contigo o hablarte planteate si de verdad, de verdad, lo que estás haciendo no puede esperar, si esa llamada de charla con una amiga es indispensable mantenerla mientras lo bañas o en mitad del cuento que estas leyendo. Dedicale tu tiempo y tu atención plena. Que sienta que lo amas.

Para que tu hijo tenga una infancia realmente feliz recuerda que necesita jugar, que necesita poder contar contigo y que no te debe temer, sino confiar en ti para poder confiar en si mismo, porque te importa más que nada en el mundo.

http://www.pedagogiablanca.net

Soy SORDA y soy CIENTIFICA

Nadie creía que llegaría a la universidad porque soy sorda: ahora soy científica

Me llamo Cristina y soy sorda.

Es lo primero que digo cuando me presento, últimamente ante las miradas curiosas de alumnos a los que doy clases prácticas de Microbiología Médica. Les veo pensar en cómo lo voy a hacer. Veo las preguntas cruzar la cara de la gente oyente (“¿Sorda? Muy sorda no será. Pues parece normal”). Dejo que me vean los audífonos negros, porque es mi color favorito, y grandes porque la pérdida es severa, casi profunda. Les hablo con este acento raro que casi nadie sabe ubicar de dónde es realmente; siempre creen que es del sur, pero mezclado con acento del norte, lo que les desconcierta. Me expongo. Pero no les hablo de mí, sino de lo que la gente oyente necesita saber de las personas sordas.

No recuerdo haber oído nada antes de los seis años: puede que naciera así o puede que fuera perdiendo audición poco a poco. No se sabe. Esquivé varios diagnósticos que concluían que yo era muy distraída. Pasé por un psicólogo al que odié muchísimo por taparse la boca una y otra vez impidiendo así que le leyera los labios, algo que había aprendido a hacer cuando ponían sus caras ante la mía. Y así, de repente, sin saber qué estaba pasando -como me pasaban todas las cosas entonces, como cuando me cortaron mis cuatro pelos como un niño- me encontré visitando un internado donde vivían niños cableados. Recuerdo mi inquietud entonces.

En el internado (que era un colegio para sordos, pero entonces no lo sabía), entramos en una consulta médica. Así que era eso, no me iban a dejar allí, menos mal. Otra cabina blanca, otros cascos y a través de la ventanita, una mujer de bata blanca y con expresión cada vez más adusta. Salí de allí con unos audífonos color carne que hablaban de disimulo, enormes y feos. Salimos con el peso del diagnóstico y la incertidumbre de mis padres colgando de mis orejas. Ojalá ver el futuro a través de una bola de cristal.

Mucha gente oyente me dice que mis padres tomaron la decisión correcta al dejarme continuar en el colegio normal entre niños oyentes en vez de llevarme a un colegio de sordos. Siempre me sonrío y pienso que en realidad, ellos no sabían qué era lo correcto. Sé que muchos lo dicen porque les parezco oyente y creen que es lo deseable para cualquier persona sorda. Lo que no saben es que la mayoría de las personas sordas nacen en familias de oyentes y la habilidad que tienen con el lenguaje oral es una mezcla de la competencia del resto auditivo de la persona sorda y de la estimulación que recibe de su familia. Mi abuela materna era sorda, así que en mi familia estaban acostumbrados a vocalizar bien: el grado de entendimiento es tal que puedo conversar con ellos sin necesidad de audífonos.

No quiero ser fuente de inspiración para oyentes (suele ser un signo de bajas expectativas en las personas con discapacidad) y tampoco quiero ser un ejemplo para otras personas sordas que diariamente luchan contra el sistema educativo para conseguir tener intérpretes de Lengua de Signos en todas las horas lectivas. Mis padres apostaron más que decidieron, como imagino que hacen todos los padres de niños con diversidad: apostar teniendo fe en sus hijos. A pesar de que les recomendaron llevarme a un colegio especial porque si no, no podría seguir el ritmo y terminaría siendo analfabeta funcional. Así que no, no fue la decisión correcta, sino su fe en mí.

Viví los primeros pasos del esfuerzo integrador en los 80. Se basaba sobre todo en asimilarte como un oyente con ciertas dificultades, solucionadas de manera rudimentaria como ponerse en la primera fila de asientos y horas en clases de apoyo (que eran un cajón de sastre de niños con todo tipo de diversidades). Intentaron sin mucho éxito corregir mi defecto de dicción con las eses (que perdura) y reforzar asignaturas flojas, que dictaminaron que lo eran por mi falta de habilidad. Me gusta pensar que he sido una especie de piloto de pruebas de la vida académica.

Cuando aprendí a leer, en casa, fue como descubrir el código para descifrar lo que decían los labios de las caras que me rodeaban. Más tarde supe que lo que siempre tenía mi hermana mayor entre manos, y con lo que podía estar quieta horas y horas, era un libro. Y así, amplié mi vocabulario a pasos agigantados, consumiendo su inagotable paciencia sin mandarme ni una sola vez a consultar el diccionario. La vida subtitulada.

Me echaron unas cuantas veces de clase durante el inicio de la etapa escolar con audífonos. Me echaban porque me pillaban copiando; era tan poco maliciosa que ni siquiera disimulaba demasiado. No preguntaron por qué necesitaba copiar. No he sido una persona modelo que obtenía resultados académicos brillantes. No tenía muchas opciones de conseguirlos si no sabía cómo se hacían las cosas. Sin embargo, era muy consciente de cómo la brecha de todo lo que no comprendía se iba agrandando más y más, y las materias duras caían con todo su peso sobre mi boletín de notas. Entonces, como una oyente de mentira, pensaba que era un problema por mi falta de capacidad intelectual. Con el tiempo se hizo necesario tomar clases particulares donde me contaban cara a cara, a través de mi bloqueo, todos los huecos que le faltaban a mi pirámide de conocimientos.

Y mientras pasaba todo eso, leía, leía y leía. Los libros eran mi ventanita al mundo, lo que para otros era la televisión (no había subtitulado entonces). Todas las visitas al otorrino terminaban con un libro nuevo en mis manos. Intentaba sin éxito leer en las comidas, hasta que me quitaban el libro, y en dos ocasiones en clase metí uno entre las páginas del libro de texto.

Al llegar al final de la etapa escolar, dados mis resultados mediocres, a mi madre le aconsejaron un recorrido académico alternativo que existía entonces, dando a entender que sería lo mejor para mis capacidades. Aquello me puso bastante furiosa y enfilé a lo más difícil de todo. Al Bachillerato. A la modalidad Ciencias de la Salud (“¿ya podrás?”). A la Universidad. A Bioquímica. A lo que me gustaba.

Lo que no cuentan de la superación es que no es ninguna escalada de éxitos. Se parece a correr una carrera de obstáculos donde tiras las vallas. Fueron mil horas de estudio y clases particulares para demostrar que no era menos que nadie. Pero qué se habían pensado. Copiando buenos apuntes (transcripciones de las clases). Intentando entenderlos por mí misma. Suspendiendo y aprobando. Pensándome como una oyente más, con ciertas dificultades. Y preguntándome muchas veces si merecía la pena.

Nada de esto ha puesto a más personas sordas a investigar o a dar clases. Y aunque no puedo negar la satisfacción personal, es un ochomil bastante solitario mientras explico a los alumnos en la Universidad que aunque parezca que les entiendo perfectamente, la lectura labial en mi caso es fundamental. Que cuando se dan la vuelta y hablan, solo oigo (a veces) voces, pero no entiendo. Que no es lo mismo oír que entender. Que leer los labios es un Scrabble mental a toda velocidad de rellenar huecos por contexto, memoria auditiva e información visual. Que no griten, ni hablen despacio ni deprisa. Que no todas las personas sordas son como yo. Y que no existen las personas sordomudas.

Me llamo Cristina y soy sorda. A pecho descubierto y celebrando la diferencia. Veinte años para llegar a una frase tan sencilla (ahora tengo 35). Hasta entonces me definía con un “no oigo bien” (sic) o retrasaba el momento de la “confesión” (a veces llegaba hasta malentendidos absurdos y cómicos, arriesgándome a miradas raras), primero por percibirlo como defecto, y después por colocar mi intimidad lejos de miradas curiosas.

Fue así hasta que decidí aprender Lengua de Signos. Aprendí muy rápido y disfruté de conocer y conversar con personas que eran como yo, y a la vez, muy diferentes. Aprendí a sentirme orgullosa de la identidad que compartimos. Me hicieron (casi obligaron a) utilizar una emisora FM que me permitía escuchar las clases durante los dos últimos años de Bioquímica, lo que me obligaba a levantarme del asiento para darle al profesor la petaca transmisora y decir a una persona desconocida: me llamo Cristina y soy sorda. Todavía me acuerdo de mi resistencia inicial a hacerme visible así. Y después me di cuenta de lo difícil que había sido hasta entonces.

Soy sorda. No me veía investigando, pues nos decían mucho que solo los mejores lo logran y creía que era un poco tarde para mí, que en dos años me había dado cuenta de lo mucho que había perdido y de lo cansado que es. Pero probé. Y probando, me doctoré en un laboratorio, que, como todos, tiene la mayoría de las alarmas acústicas. Controlando visualmente los tiempos de experimentos, pues también los temporizadores suelen ser acústicos. Rompí un aparato porque las instrucciones especificaban darle vueltas hasta oír el clic. No lo oí.

Samuel Beckett dijo: “Ever tried. Ever failed. No matter. Try again. Fail again. Fail better”. (“Inténtalo. Fracasa. No importa. Inténtalo otra vez. Fracasa de nuevo. Fracasa mejor”). Creo que es la frase que mejor me describe. Me encanta el inglés, leo cada día y escribo habitualmente por mi trabajo, pero no puedo hacer listenings, lo que en las escuelas oficiales de idiomas nos impide a las personas sordas realizar exámenes oficiales.

Soy sorda. No hay aún tecnología en el mundo que pueda cambiar el hecho de que la persona sorda lo sigue siendo independientemente de si utiliza audífonos, implantes cocleares o nada en absoluto. No hay cura, nadie se convierte mágicamente en oyente, porque “ser oyente” siendo sordo es un trabajo arduo, un making-off que nadie cuenta y unos títulos de crédito que nadie lee.

No quiero desanimar con esta lectura a los padres y madres que afrontan la vivencia de la sordera con un lapidario “no hay cura”. En su lugar hay una oportunidad única de cambio social que nos compromete a todos, a las personas sordas, para que con activismo consigamos la accesibilidad plena y tengamos mayor representación, y a las personas oyentes para que cuenten con nosotros en la construcción de una sociedad donde la diversidad sea la norma.

Me llamo XXXX y soy sordx. Por favor, mírame cuando me hablas y repíteme el mensaje a mí y no a mi acompañante oyente, dirígete a mí y no al intérprete de Lengua de Signos, agita la mano o tócame un brazo si necesitas llamar mi atención, asegúrate de que te entiendo, utiliza papel y bolígrafo, transcribe tus vídeos y podcasts, exige que tu cadena de televisión regional incluya subtitulado, pide que los eventos y congresos sean accesibles, no importa si eres oyente.

Me llamo XXXX y soy sordx. Comunícate conmigo.

http://verne.elpais.com/verne/2016/06/07/articulo/1465307573_039543.html

PONTE EN MIS ZAPATOS

27/6/2016 Olvidados nos envía este video para agradecer a todos los participantes su ayuda:

¡Fin de la mañana! El reparto ha terminado, todos los niños tienen zapatos y una sorpresa mandada con mucho cariño desde España ¡muchísimas gracias! Una de las cosas más importantes que podemos hacer es demostrarles que no están solos, que aunque cierren las fronteras no todo el mundo les da la espalda ¡Gracias a SolidaryKids y a todos los colegios que han participado en la campaña “Ponte en sus zapatos”!
The English Montessori School (Madrid), Hispano Alemán (Madrid), Federico García Lorca (Majadahonda), Saint George (Madrid), Compañía de María (Albacete), CEE Ntra Sra Lourdes (La Coruña), Asociación Aspronaga (La Coruña), Salesianos (La Coruña), CErnadas de Castro (La Coruña), Leopoldo Calvo Sotelo (Madrid)

Cerramos el curso 2015-2016

ANUARIO: con un resumen de las actividades realizadas en las distintas aulas, fiestas, conmemoraciones, convivencias, etc.

anuario_cole_2015_16_web

http://aspronaga.net/phocadownload/anuario_cole_2015_16_web.pdf

FIESTA FIN DE CURSO: con el baile y elección de la reina y el rey de la fiesta.

http://aspronaga.net/es/galeria-de-fotos/category/47-fin-de-curso-cee-ntra-sra-de-lourdes-22-06-2016.html

ACTIVIDADES EXTRAESCOLARES ( cortometraje):

CARTA de un profesor a sus alumnos.

Una carta que los alumnos de 6º curso del colegio San Gabriel, de Alcalá de Henares, encontraron en su buzón el pasado 29 de marzo, a la vuelta de vacaciones de Semana Santa.

La remitía su profesor, Iván de la Cruz García, un joven madrileño de 36 años.

El efecto buscado era motivar a los chavales. Hacer que se sintiesen especiales. Y lo hizo a través de un medio con el que nuestros jóvenes hoy no están familiarizados.

Iván redactó un texto común para todos. Luego lo iba personalizando, añadiendo algunos pequeños guiños a quienes consideraba que lo necesitaban. Aunque envió las cartas por correo postal uno de los padres sacó una foto del texto, y este se ha compartido miles de veces en LinkedIn y en Facebook.

¿POR QUÉ ha triunfado esta carta?

Pues porque si la leemos incluye BASTANTES ELEMENTOS DE SEDUCCIÓN. Hablamos no hace mucho en este blog de la importancia de la SEDUCCIÓN en la EDUCACIÓN.

Quienquiera que esté a cargo de niños ha de ser un SEDUCTOR.

■ Para empezar es una carta para niños de 11 / 12 años. Que probablemente ES LA PRIMERA CARTA QUE RECIBEN EN SU VIDA. Están acostumbrados, ya a esa edad, a utilizar el WhatsApp, estar probablemente en Twitter,…

■ Es una carta con un ARGUMENTO RAZONADO, con una estructura.

■ Es una carta que les llega además en vacaciones, cuando todavía no se reanudado el curso y ellos están relajados. Y no es una carta para castigar ni para reñir, sino PARA ANIMAR. Cambia completamente el lenguaje que un niño suele recibir de un profesor.

■ Es una carta CON MUCHAS EXCLAMACIONES, en varios lugares:
¡Te lo has ganado!
Quizás te sorprenda que te escriba una carta, pero… ¡me apetecía!
¡Seguro que te ayuda a seguir con fuerza!

■ Es un impulso que nace del profesor, no es un acto administrativo, y eso lo deja bien claro al decir con énfasis: Quizás te sorprenda que te escriba una carta, pero… ¡me apetecía!

■ Y luego la apelación al criterio del alumno, no a unas normas que vienen de arriba. Dice:
… demuéstrate que puedes hacerlo mucho mejor,…
Demuéstratelo a ti. No me lo demuestres a mí
…, supérate a ti mismo. No te conformes con…
No deje que la pereza sea más fuerte que tú.
La referencia siempre es al propio alumno.

■ Pero tampoco le deja solo ante el peligro de esta reanudación del curso, que ya viene con los exámenes finales, etc. Le dice: En esto no estás solo; cuentas con tus compañeros de clase y conmigo, ¡claro! Todos juntos formamos un buen equipo.

■ El aprendizaje se muestra aquí como algo apasionante, cuando dice:
… todavía nos quedan muchas aventuras por vivir juntos.
Con ese factor de seducción impresionante, sobre todo para un niño, que tiene la palabra “AVENTURA”: vienes aquí a vivir una aventura.

■ Y finalmente le dice, con lenguaje coloquial, en el lenguaje de los propios chavales: Un abrazo de tu profe que te aprecia mucho.
Con ese apócope que es muy familiar y muy coloquial.

En definitiva hay muchos elementos de seducción en esta carta que justifican que haya triunfado.

¡VIVA las BUENAS IDEAS!

¡Felicidades PROFE!

¿Por qué esta CARTA se ha hecho VIRAL?

“Vivan los profes”

“El activo más importante de la sociedad es el estado de ánimo de los maestros”

Carles Capdevila nos hizo reír y nos emocionó con su ponencia en la que habló de la importancia de hacer buen equipo, valorar, querer y confiar en los profesores, una actitud que le parece de sentido común. “Para mí, un padre o una madre que critica a su maestro es como el aficionado que silba a su propio portero”.

Carles quiso empezar su intervención realizando “una confesión en público. Pese a ser padre, quiero a los maestros” y de este modo comenzó a provocar carcajadas en el público. No se trata, nos aclara, de un amor altruista, sino “interesado. Desde que tuve a mi primera hija, descubrí que si iba a dejar a mi hija todo el día con una persona lo más lógico era confiar en esa persona y no criticarla delante de la puerta”, algo que, nos recuerda con gesto extrañado, “mucha gente hace, ya sé que vosotros no”. Y ya más serio insiste en que “tenemos que entender que somos un equipo. Para mí, un padre o una madre que critica a su maestro es como el aficionado que silba a su propio portero. Mi misión de hoy es deciros que tenemos que querer a nuestros maestros y darles confianza”.

Carles nos ofreció “una exclusiva mundial”, pues conoce “el origen de la tensión” de la relación entre profes y padres. ¿Y cuál es?: “La escuela infantil, porque los padres de las escuelas infantiles somos los más patéticos, primerizos, nerviosos y tensos. La primera reunión en la escuela infantil con las sillitas pequeñas no va bien. Te da calambre y lo terminas asociando”, nos dice entre risas. Y nos cuenta una anécdota que demuestra que “la vida sexual de la pareja queda destrozada, como sabéis los que estáis aquí un sábado por la mañana, porque si no no estaríais”: de madrugada tu pareja te pide que mires en la mochila de tu hija a ver si hay notitas de las maestras de la escuela. Y encuentra una que dice: “Mañana empieza la primavera, tenéis que llevar una plantita”. Carles confiesa que “ya vas tenso porque vas al cole sin la plantita”. Carles dice que la relación ya empieza mal “porque no nos miramos a los ojos. Un día la maestra del jardín de infancia le dijo a mi hija de 9 meses mirándole a los ojos cuando me la entregaba: Recuérdale a papá que hace días que se han acabado las toallitas. Yo llegué a casa emocionado, pensando que mi hija hablaba porque ya le daban los recados a ella. Hasta que entendí que hablamos por bebé interpuesto”. Por eso, Carles no se quiso quedar atrás: “Al día siguiente, mientras dejaba a mi hija, la miré a ella a los ojos y le dije: “Dile a la maestra que papá ya ha llevado las toallitas y que por un día no hacía falta la bronquita de ayer”. En un tono más serio, Carles nos recuerda que “tenemos que mirarnos a los ojos, podemos hablarnos, somos adultos con un proyecto común que es esta niña que nos estamos pasando”. Y esto no es solo responsabilidad de los maestros, nos recuerda con otra anécdota: “Yo he encontrado alguna madre que deja a su hijo por la mañana y no se van de la clase hasta que el niño llora. El niño está distraído y van diciendo: Mamá se vaaa, ya no me verás en todo el día… Esto no funciona así, la entrega de un niño debe ser a traición, que le dices: “Mira, mira, mira” y te vas”.

Otro de los puntos que quiso destacar Carles sobre la relación entre profes y padres es “que no ayuda el relato que hacemos. Una de las cosas que más me gusta de Gestionando Hijos es que compartamos lo divertido que ecarless educar”, mientras que, en general “el relato de la educación es un relato negativo. La palabra más asociada a escolar es fracaso. Hablamos de los problemas de la educación, cuando la educación no es un problema, es la solución”. El relato que hacemos de la profesión de maestro tampoco es muy positivo, abunda Carles, contando que “si un extraterrestre pone en Google maestro, saldrán cuatro temas: la huelga de los maestros, las vacaciones de los maestros, la depresión de los maestros y el estrés de los maestros. Y el extraterrestre dirá que los maestros son muy raros, porque si hacen todo el día huelga y vacaciones ¿cómo se van a estresar y deprimir?”. Elementos para crear otro relato más positivo no faltan, nos recuerda Carles, porque “alrededor de los maestros estos años he encontrado ilusión, vocación, pasión, pero no hablamos de eso”.

Otro de los motivos del desencuentro entre padres y profes, según Carles, es que “confundimos educar con parir. Parir es el inicio, no es el final. Hay 200 manuales en el embarazo. Y hay manuales sobre cómo esperar. Pues esperando”, nos dice, recordando que “hay 100 manuales sobre el primer año, cuando es una época maravillosa porque es el único en el que dejas a un bebé en un sitio y te lo encuentras en el mismo sitio. Cuando hay que educarle, del año a los 16, hay menos manuales y los dejamos en el cole y además no colaboramos.  A veces los padres estamos tan agotados con el embarazo y con el parto y con el primer año que nos ponemos a descansar. Y nos echamos una siesta de quince años en los que queremos que nos lo lleven los maestros”, y después volvemos a los libros con “Socorro, mi hijo es adolescente”. Carles confiesa que encuentra a gente obsesionada con el parto, sobre el mes en el que va a nacer. “Pregúntate mejor qué harás el resto de tu vida, porque es para siempre. Si quieres hablar de fechas, pregúntate qué edad tendrás tú cuando tu hijo tenga 15 años y tengas que ir de madrugada a buscarlo a la discoteca”. Carles nos cuenta que tiene “un amigo de 65 años que ha sido padre ahora y el otro día le dije: “No es por nada, que sepas que a los 80 años tendrás que ir a las cuatro de la madrugada a un polígono a buscar a tu hijo. Que a lo mejor no tienes carnet de conducir, yo iría ahorrando para taxis”.

Tenemos que asumir que el día que nace empieza todo y que es para siempre, palabras maravillosas que suenan a condena.              

Otro de los motivos por los que escuela y familia a veces no se relacionan bien es porque solemos desprestigiar los temas de los niños y la educación. Cuando empezó a dirigir el periódico, le felicitaron y le dijeron que pensaban que “iba acarles 2016 vert ir fatal “porque como venías de hacer la cosita esa de los niños”. Si tú eres un periodista de economía, que por cierto has dicho mentiras mientras el mundo se hundía, eres alguien respetable, si eres periodista de temas de educación te dicen: “Pobrecito, todavía estás con la cosita de los niños”…” Esto le lleva a decir que “la gente confunde el tamaño de los niños con el tamaño de la responsabilidad que tenemos maestros, padres y profesores. Es importante que reivindiquemos que no hay nada más importante que ser maestro, por eso os pido hoy que por la mañana os levantéis y agradezcáis a los maestros el trabajo que hacen”.

Ahondando en cómo ven pedagogos el trabajo del maestro, Carles nos cuenta que le encanta una cita del pedagogo y maestro Jaume Cela que dice que “un maestro debe querer más a sus alumnos que a su asignatura”. Gregorio Luri, dice Carles Capdevilla, considera que “un maestro tiene la obligación de ser optimista”. “Un maestro tiene que confiar en los alumnos. Y por eso yo creo que el activo más importante de la sociedad es el estado de ánimo de los maestros”. Otra pedagoga, María Jesús Comellas, dice que “el maestro debe dejarse seducir por los alumnos. Tiene que entrar en el aula pensando que se encontrará con personas con las que aprenderá”. A Eva Bach le preguntó qué verbos conjuga un maestro y dijo “acompañar, orientar, extraer, fertilizar pero sobre todo amar”. Padres y madres tenemos que celebrar que estos maestros a los que criticamos en la puerta de la escuela es gente que quiere a sus alumnos. Y nos cuenta la historia de una amiga suya que cuando ve que un alumno viene de una familia en dificultad les busca trabajo o una beca comedor. “Un buen artesano duerme feliz. Y mi amiga duerme feliz entre otras cosas porque  está reventada trabajando 14 horas buscando trabajo”.

Volviendo a la idea del relato, Carles comenta que padres y profes “hacemos un relato tenso de nuestra relación. Y el relato es lo más importante”.  Y para mostrar su importancia nos cuenta que puede hacer dos relatos sobre su trabajo en el encuentro Gestionando Hijos: “Puedo decir: “Mira, fatal, porque llovía, he estado en esto de Gestionando Hijos con 1.000 padres con poco criterio y poco trabajo, perdiendo la mañana, me han hecho hablar de los maestros, y ahora tengo que coger el coche lloviendo para ir a Alicante…”. Yo puedo hacer un relato negativo y me lo creeré. Y en cambio yo tengo otra versión: “Ha ido fantástico, me siento el tío más privilegiado del mundo, hace un año me invitaron a Gestionando Hijos, el vídeo de la ponencia se ha hecho viral, me invitan a todas partes por culpa de Leo y de este vídeo. Me han invitado por tercera vez, me han pedido que hable de los maestros, lo he hecho, la gente me ha escuchado, incluso he hablado cinco minutos en serio, que es algo raro en mí, y además tengo la sensación de que he convencido a tres. Y además tengo la suerte de que esta tarde me esperan en Alicante y voy a conducir escuchando música y sin mis hijos, que es todavía más fantástico. Por tanto, decíos cosas bonitas por las mañanas. Decíos: “Soy maestro, qué profesión que tengo, tengo 27 niños esperándome y lo haré muy bien” o “Soy padre o madre, en un momento en el que hay oportunidades y existe Gestionando Hijos, nos ayudan expertos, tengo una buena escuela, con una buena maestra y ahora cuando le deje a mi hijo voy a sonreírle y le diré “Gracias, porque somos un equipo y porque necesitamos maestros y profesores motivados”. Y Carles acabó lanzando un “¡Vivan los profes!”

Carles Capdevila intervino en la cuarta edición Gestionando hijos el 7 de mayo de 2016 en Barcelona con el patrocinio de Fundación SM, Cruïlla, Xarxa Ford de Catalunya y Lidl. ¡Gracias por vuestra compañía!

http://www.gestionandohijos.com/ponencia-de-carles-capdevila-vivan-los-profes/

¿CÓMO TENER ÉXITO EN LA EDUCACIÓN EMOCIONAL DE TUS HIJOS?

Puedes enseñar a tus hijos a cruzar los semáforos en verde, a cuidar de sus mascotas, les puedes enseñar a leer y a multiplicar, e incluso reciclar la basura que se produce en casa. Ahora bien, ¿le enseñas también expresar sus sentimientos? ¿A que diga en voz alta aquello que siente antes de que se encierre en su habitación con un portazo?

La educación no se basa solo en llenar una mente vacía con conocimientos y datos que acumular. Educar es ofrecer también estrategias con las cuales valerse en este mundo complejo para aprender a ser feliz y, a la vez, hacer felices a otros. Es vital que valores la educación emocional de tus hijos como un propósito que atender cada día.

¿Cómo desarrollar la educación emocional en tus hijos?

Educar es también ofrecer amor, caricias, palabras y rutinas. La hora de alimentarse, las horas de dormir, esa sonrisa en la que los niños se ven reflejados y que intentan imitar. Esa voz que les da aliento y apoyo, que les ofrece seguridad en cada paso que emprenden, ese refuerzo que les anima a ser valientes después de cada caída… Todo ello también es educación emocional.

La verdadera aventura llega a partir de los 8 años. En esta edad, los niños empiezan ya a hacerse unos esquemas de lo que es el mundo y de lo que son ellos. Disponen ya un sentido de la justicia y tienen muy en cuenta lo que está bien y lo que está mal. A partir de esta edad, van a asentar su personalidad, sus intereses. Van a asomarse al mundo con una curiosidad más amplia, ahí donde nosotros somos la clave para ofrecerles apoyo, autonomía y ese cariño cotidiano.

Ten en cuenta pues qué dimensiones debes fomentar como parte de la educación emocional de tus hijos:

1. Autoconocimiento.
Los niños deben crecer siendo la mejor versión de ellos mismos. ¿Qué significa esto? Que deben ser conscientes de su potencial y de sus limitaciones. Enséñales el valor de hacer las cosas por sí mismos, de ser autónomos para que puedan ver, día a día, todo lo que son capaces de hacer, lo que se les da bien y lo que se les da mal.

Ten mucho cuidado con la sobreprotección o, de lo contrario, impedirás el que sean responsables de sí mismos el día de mañana o el que dispongan de una buena autoestima. Permíteles crecer apoyándolos en cada paso que den, sin olvidar tampoco que cada vez que se equivoquen en algo, no debes sancionarlos, sino enseñarles cómo pueden hacerlo mejor.

2. Dales responsabilidades.
Una persona responsable de sí misma tiene madurez emocional. Es alguien que no depende de los demás para hacer cosas y que, además, confía en sí mismo. A medida que se hagan mayores, ponles más responsabilidades. Deben aprender que la vida no son solo derechos y libertades, sino que todos hemos de ser responsables de nuestras cosas para ser autónomos.

3. Aprender a ser feliz pero también a aceptar la frustación.
Desde muy pequeños deben ser capaces de entender que no lo pueden tener todo. Cada vez que reciban una negativa por tu parte, no deben responder a la desesperada como si se terminara el mundo. Pongamos un ejemplo:

Tu hijo, con 8 años, te pide que le compres un móvil. Obviamente aún es demasiado joven para ello, así que debes argumentárselo y debe comprenderlo. Si coge una rabieta, si golpea los muebles y te grita, es un niño que no ha aprendido aún a aceptar la frustración, y ello, a largo plazo, le va a ocasionar una gran infelicidad. Gestiona adecuadamente estas situaciones, razona, pon límites, explica y haz que comprenda cada decisión.

4. La importancia del “bien común” y el “todos ganamos”.
La vida no es una isla en la que transitar en soledad. Todos nosotros vivimos en una sociedad con otras personas que forman parte de nuestra cotidianidad, establecemos vínculos y crecemos personal y emocionalmente unos con otros.

¿Qué significa esto?. Que, para tener éxito en la educación emocional de nuestros hijos, hemos de trabajar también estas dimensiones:

  • Fomentar la empatía, el que reconozcan las emociones en los demás, en sus abuelos, sus hermanos, sus amigos.
  • Entender que si yo hago algo malo, ello repercute también en los demás. Si yo me esfuerzo en ser respetuoso, en comprender y hacer felices a los demás, “todos ganamos”. Si yo regalo una sonrisa, lo más probable es que me respondan con lo mismo. Las emociones positivas son siempre las más poderosas.
  • También es importante conseguir que los niños aprendan a hacerse felices a sí mismos, es decir, deben valorar el disfrutar de sus aficiones, el emprender cosas nuevas que les aporten conocimiento y satisfacción y el saber también que quererse a uno mismo es un arma poderosa. Con una buena autoestima, con una buena aceptación física y emocional, también será capaz de amar mejor a los demás.

Con una correcta educación emocional estaremos enseñando a nuestros hijos a ser ciudadanos justos, a la vez que fomentamos su felicidad futura. 

http://consejosdelconejo.com/2016/07/03/exito-la-educacion-emocional-tus-hijos/